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Archive for 30 abril 2009

enfermiera

Argumento:

Un virus para el que no hay tratamiento. Una amenaza que no conoce fronteras. Un pais sin opción de escapar del H5N1, la gripe aviar. Cuando se descubre una mutación del virus en un mercado local, China envía un llamamiento de emergencia a la doctora Iris Varnack (Jeoly Richardson), del servicio de inteligencia contra epidemias. Cuando llega advierte que puede ser demasiado tarde; un hombre de negocios americano se ha convertido en la primera víctima de una cepa que ha pasado de humano a humano.

Título: Virus mortal
Año: 2006
Título original: Fatal Contact Bird Flue in America
Director: Julian Grant, Richard Pearce
Actores: Jeoly Richardson, Steve Guttenberg
Duración: 1 hora 21 minutos
País: EE.UU

Mi recomendación es, POR NINGÚN MOTIVO, ver esta pelicula.

Tal vez dentro de tres años.

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Metamorfosis

diablito

– Cuando el diablo se hace viejo dicen que se mete a fraile –

( Refrán Popular )

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Jueves

tevieneltren

Si fuera más guapa y un poco más lista
Si fuera especial, si fuera de revista
Tendría el valor de cruzar el vagón
Y preguntarte quién eres.

Te sientas en frente y ni te imaginas
Que llevo por ti mi falda más bonita.
Y al verte lanzar un bostezo al cristal
Se inundan mis pupilas.

De pronto me miras, te miro y suspiras
Yo cierro los ojos, tú apartas la vista
Apenas respiro me hago pequeñita
Y me pongo a temblar

Y así pasan los días, de lunes a viernes
Como las golondrinas del poema de Bécquer
De estación a estación enfrente tú y yo
Va y viene el silencio.

De pronto me miras, te miro y suspiras
Yo cierro los ojos, tú apartas la vista
Apenas respiro, me hago pequeñita
Y me pongo a temblar.

Y entonces ocurre, despiertan mis labios
Pronuncian tu nombre tartamudeando.
Supongo que piensas que chica más tonta
Y me quiero morir.

Pero el tiempo se para y te acercas diciendo
Yo no te conozco y ya te echaba de menos.
Cada mañana rechazo el directo
Y elijo este tren.

Y ya estamos llegando, mi vida ha cambiado
Un día especial este once de marzo.
Me tomas la mano, llegamos a un túnel
Que apaga la luz.

Te encuentro la cara, gracias a mis manos.
Me vuelvo valiente y te beso en los labios.
Dices que me quieres y yo te regalo
El último soplo de mi corazón.

—————- o —————

El tecladista de La Oreja de Van Gogh, autor de esta canción, úbica su historia el jueves 11 de Marzo de 2004 en el atentado al Metro de Madrid, España.

En una situación imaginaria coloca a una pareja que se conocen en el metro pero la vida no les da tiempo de continuar su historia de amor.

(No debemos olvidar a las victimas del choque del Tren Suburbano en el Estado de México )

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La guerra de los mundos

walkman

En el grupo radiofónico dónde trabajé, muchos guiones terminaban en el bote de basura, y otros, en un sitio menos honorable.

Rescaté uno antes de que “pasara a mejor vida”..

Los invito a conocer el formato de un guión de radio y a quienes ya lo conocen recordemos un texto escrito en máquina de escribir.

Cuenta la leyenda que una noche los extraterrestres aterrizaron en Nueva York…

CLICK AQUI

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Relato que Don Artemio de Valle-Arizpe hace de la inauguración de la estatua ecuestre de Carlos IV.

carloscuarto

En diciembre, día 9 y año de 1803, con solemnidad y gran festejo, se descubrió en la Plaza Mayor la estatua ecuestre del rey don Carlos IV, obra suprema de don Manuel Tolsá, “el Fidias Valenciano” como se dio en llamarle en aquellos
días de su gloria. El sinvergonzón del virrey don Juan de la Grúa Talamanca y Branciforte, fue el que tuvo la idea adulatoria de erigir ese monumento al paciente soberano y mientras que Tolsá se dedicaba a la ímproba tarea del cincelado y pulimento que vino a durar catorce largos meses después de la perfecta fundición,
hasta no dejarla de todo a todo limpia, se puso provisionalmente en un hermoso pedestal un bulto hecho de madera y estuco dorado para solemnizar los días de natalicio de la reina doña María Luisa de Parma.

Siete años después en que quedó esplendorosamente terminada la estatua, se dispuso inaugurarla en la fecha que he dado ut supra. Estaba cubierta con un amplio velo rojo en el centro de un ancho recinto limitado por alta balaustrada de piedra con cuatro elevadas puertas de hierro de primorosa hechura, obra del metalista Luis Rodríguez de Alconedo. Henchía la plaza de mar a mar, enorme muchedumbre bulliciosa y alharaquienta. Si se intentara meter entre ella  un alfiler no hubiese cabido. Ventanas, balcones y azoteas desbordaban de gente curiosa en un rumor incesante de conversaciones.

Había multitud de damas y señores de las más altas casas de México, con gran boato de trajes, en las ventanas y extensa balconería del Real  Palacio que ondulaba de tapices y terciopelos colgantes. En el balcón principal destacábase
Su Excelencia el virrey Iturrigaray con la virreina, doña María Inés de Jáuregui, rodeados entrambos de entonados dignatarios palatinos, oidores, señoras principales y caballeros de alcurnia, sedas joyantes, encajes, galones, perfumes,
plumas multicolores y la pedrería de las alhajas  brincando en mil iris de luz.

Allí se encontraba satisfecho el barón de Humboldt con doña María Ignacia Rodríguez de Velasco llena del vivo destello de las joyas y derrochando la gracia de sus mejores palabras.

Encantados estaban los dos de ver la abigarrada muchedumbre, palpitante y sonora, llena de fiebre de impaciencia. A una señal del Virrey y como si fuese un resorte exacto, se rasgó en dos el velo colorado que cubría la estatua, que
quedó desparramando reflejos en medio de la mañana azul, llena de sol. A ella se enfocaron todas las pupilas. El gentío estaba como atenazado en un asombro quieto. De pronto estalla el apretado trueno de los aplausos. Era una onda
larga de ovaciones que extendíase hasta muy lejos. En ventanas, balcones y azoteas había una blanca agitación de pañuelos al viento.

Rompió el límpido cristal del aire el humeante trueno de diez piezas de artillería, unánimemente disparadas. Luego el fragor de las tupidas salvas de los regimientos de la Nueva España, de Dragones y de la Corona. Y al terminar este gran ruido se alzó al cielo un agudo estrépito de clarines y el ronco estruendo de los parches y
atronaron los festivos repiques de las campanas de la ciudad entera que envolviéronla ampliamente en su música y la tornaron toda sonora.

Se abrieron las cuatro anchas puertas de la elipse y el oleaje humano se precipitó por ellas como un agua tumultuosa y contenida a la que le alzan las compuertas para que corra libre.

Llenó el ambiente un apretado rumor de comentarios henchidos de admiración. Todo en la ancha plaza eran pláticas y algarabías. Un oleaje de rumor creciente.
Antes de descubrirse la estatua, hubo en la Santa Iglesia Catedral gran solemnidad, ofició la misa pontificial el arzobispo don Francisco de Lizana y Beaumont, y se cantó un solemne tedéum por la capilla catedralicia con el acompañamiento de la vasta polifonía del órgano. Asistió a esa función solemne, llena de infinitas luces
de velas y de cirios y con mucha plata en el altar, no sólo toda la clerecía, sino multitud de frailes de todas las religiones, y con los señores virreyes, lo más principal de la ciudad.

En seguida toda esa vistosa concurrencia se trasladó al Real Palacio para ponerse a sus ventanas y balcones mientras sonaba el amplio gozo de un repique a vuelo y entre él había un estremecido son de brillante trompetería. Poco después aquel elegante señorío tronaba de palmoteos entusiastas en una agitación de manos enjoyadas.

Formaron calle los vistosos alabarderos –color blanco con oros y vivos encarnados–, para que pasaran Sus Excelencias los señores virreyes con su largo séquito a ver de cerca el magnífico monumento, obra creada por un magno artífice
español de Valencia. La Güera Rodríguez iba feliz del brazo del Barón de Humboldt.

Encareció el Barón el crecido mérito y belleza de la estatua. No dejaba de celebrarla con amplísimas alabanzas. Todo él se convirtió en aplausos.

Habló después, encantando a todos los que lo oyeron, de las grandes estatuas ecuestres que había visto y admirado en sus andanzas por el mundo, en nada superiores a esta magnífica de Carlos IV, sino de igual valor, la del condotiero
Bartolomé Colleone en la acuática Venecia, modelada por Andrés Verrocchio; en Padua, la de Erasmo Gattamelata, obra de Donatello; la del pío Marco Aurelio que se yergue en el Capitolio Romano. También alabó el Barón la sencillez armoniosa del pedestal que sustentaba el bronce heroico del Rey Carlos IV vestido, o más bien dicho, desvestido a la romana, y coronado, pero no como siempre lo estuvo en vida con largos y puntiagudos adornos debidos a las gracias exquisitas de su fogosa mujer, sino que aquí le puso don Manuel Tolsá simbólicos laureles. Hay
más laurel en la real testa que los que necesitara una hábil cocinera para condimentar un buen número de guisados de carne.

Pero la perspicaz y suspicaz Güera Rodríguez en el acto le vio al caballo un defecto mayúsculo y capital en el que nadie había hallado tachas ni menguas, sino que muy al contrario, encontraban en el corcel todo perfecto y todo en su punto y medida.

Con la mayor gracia del mundo dijo que estaban a igual altura lo que los hombres,
equinos y otros animales, tienen a diferente nivel. Su experiencia personal le enseñó esto de los dídimos, cosa en la que no reparó el insigne valenciano Tolsá.

Fuente: Artemio de Valle-Arizpe. “La Güera Rodríguez”. 9ª ed. México, Librería de Manuel Porrúa, 1960. pp. 144-147.

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Interrogante

interrogante

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Sismo en Italia

luto

Ultimamante he dedicado mucho tiempo a estudiar el idioma italiano .

No conozco a nadie en Italia, no tengo pensado asistir a una misa del Papa y tal vez nunca conozca el pais. Simplemente estudiar el idoma ha sido un gusto personal.

En México sabemos bien lo que significa un terremoto por eso me uno a la pena que embarga al pueblo italiano.

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