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Archive for 30 julio 2008

En latín

” Quidquid latine dictum sit, altum viditur…”

(Cualquier cosa dicha en latín, parece profunda.)

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Top ten

Hablaremos algo sobre números.

Según las estadísticas, estos son los paises que mas visitan el blog.

Lo cual les agradezco.

1. México 55,1 %
2. España 8,1 %
3. Estados Unidos 7,7 %
4. Colombia 4,8 %
5. Argentina 4,2 %
6. Venezuela 3,8 %
7. Chile 3,2 %
8. Perú 3,0 %
9. Ecuador 1,3 %
10. Guatemala 1,1 %

Ojala que los vecinos de otros paises nos digan que les parece el blog.

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De Stephen King (Novela por entregas).

PARTE 2

Y después de que Nordhoff se fuera, Richard Hagstrom había enchufado el procesador y lo había puesto en marcha.

Oyó un zumbido, y esperó a ver si las letras IBM aparecían en la pantalla. No aparecieron. En cambio, misteriosamente, como una voz de la tumba, de la oscuridad subieron unas palabras, fantasmas verdes:

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, TÍO RICHARD!

JON.

-¡Cristo! -murmuró Richard cayéndose sentado. Un accidente había matado a su hermano, su esposa y su hijo dos semanas antes…

Regresaban de una excursión, y su hermano Roger estaba borracho. Estar borracho era algo perfectamente ordinario en la vida de Roger Hagstrom.

Pero esta vez la suerte le había vuelto la espalda y había conducido su destartalado y viejo coche hasta el borde de un precipicio. Se estrelló y ardió. Su hijo Jon tenía catorce años, no, quince. Quince recién cumplidos, dos días antes del accidente, dijo el viejo. Tres años más y se hubiera liberado de aquel pedazo de oso estúpido.

Su cumpleaños… y el mío poco después..Dentro de una semana. El procesador de palabras había sido el regalo de cumpleaños de Jon.

Esto empeoraba la cosa. Richard no sabía bien por qué, o cómo, pero así era. Alargó la mano para apagar la pantalla, pero la retiró al momento.

– Un chico fabricó un propulsor atómico con dos latas de sopa y piezas de coche, eléctricas, por valor de cinco dólares. –

Sí, claro, y las cloacas de la ciudad de Nueva York están llenas de cocodrilos y las Fuerzas Armadas de USA guardan el cuerpo congelado de un extraterrestre en alguna parte de Nebraska. Cuéntame algo más. ¡Carajo!

Se levantó y miró la pantalla a través de la parte de atrás. Sí, tal como había dicho Nordhoff. Cables marcados RADIO SHACK MADE IN TAIWAN. Cables marcados WESTERN ELECTRIC y WETREX y ERECTOR SET, con la “R” de la marca metida en el pequeño círculo y vio algo más también, algo que se le había escapado a Nordhoff, o que no había querido mencionar. Había un transformador de tren Lionel, envuelto en alambres como la novia de Frankenstein.

-¡Cristo! -repitió riendo, pero al borde de las lágrimas-. Cristo, Jonny, ¿qué creíste que estabas haciendo? –

Pero también conocía esta respuesta. Había soñado y hablado de que tenía años deseando poseer un procesador de palabras, y cuando la risa de su esposa Lina se hizo demasiado sarcástica para poder soportarla, lo había comentado con Jon:
-Podría escribir más de prisa, repasar y corregir más de prisa, y producir más- recordó habérselo contado a Jon el pasado verano…

El muchacho le había mirado gravemente, con sus ojos azul claro, inteligentes, pero siempre cuidadosamente cautos, agrandados por los cristales de sus gafas.

– Sería estupendo…, realmente estupendo. –

– ¿Y por qué no te compras uno, tío Rich? –

-No los regalan – contestó Richard sonriendo-. El modelo “Radio Shack” cuesta cerca de tres mil. De ahí puedes ir subiendo hasta llegar al de dieciocho mil dólares. –

-Bueno, a lo mejor te hago uno algún día- había dicho Jon. –

-A lo mejor- le había contestado Richard dándole una palmada en la espalda. Y hasta que llegó Nordhoff, no había vuelto a pensar en aquello.

– Cables de la tienda para aficionados a los modelos eléctricos. Un transformador de tren Lionel. ¡Cristo! –

Volvió a la parte delantera dispuesto a apagarlo, como si intentar escribir algo y fracasar, fuera algo así como mancillar lo que su frágil y delicado (predestinado) sobrino había dispuesto. Por el contrario, apretó el botón ENTER en el tablero.

Un estremecimiento extraño le recorrió la espalda al hacerlo… ENTER era una extraña palabra, si uno lo pensaba un poco. No era una palabra que pudiera asociarse con la escritura; era una palabra que parecía relacionarse a cámaras de gas y sillas eléctricas…, y quizás con coches viejos y destartalados saltando fuera de las carreteras.

ENTER.

El aparato zumbaba con más ruido que el que hacían cualquiera de los que había oído cuando los contemplaba en los escaparates, en realidad casi rugía. ¿Qué hay en la sección de memoria?

– ¿JON? Se preguntó-. ¿Resortes? ¿Transformadores Lionel puestos en fila? ¿Latas de sopa? Volvió a recordar los ojos de Jon, su rostro pálido y delicado. ¿No era extraño, quizás incluso morboso, tener celos del hijo de otro hombre?.

Pero debió haber sido mío. Lo sabía…, y creo que él también lo sabía.

Luego estaba Belinda, la esposa de Roger.

Belinda, que llevaba lentes de sol incluso en los días nublados, de las grandes, porque las marcas alrededor de los ojos tienen la mala costumbre de extenderse. Pero, a veces la miraba, sentada quieta y vigilante a la sombra de la risa escandalosa de Roger, y pensaba también casi lo mismo: Debía de haber sido mía.
Era un pensamiento espantoso, porque ambos hermanos habían conocido a Belinda en la iniversidad y ambos habían salido con ella.

ËL y Roger se llevaban dos años de diferencia y Belinda estaba perfectamente entre los dos, un año mayor que Richard y un año más joven que Roger.
Richard había sido el primero en salir con la muchacha que con el tiempo iba a ser madre de Jon.

Luego se había interpuesto Roger, Roger que era mayor que ella, y más fuerte, y que siempre conseguía lo que quería. Roger que era capaz de lastimar si uno trataba de cruzarse en su camino.

Tuve miedo. Tuve miedo y dejé que se me escapara. ¡Fue tan sencillo! Que Dios me valga, creo que sí. Me gustaría pensar que ocurrió de otro modo, pero tal vez es mejor no mentirse respecto a cosas como la cobardía. Y la vergüenza.

Y si aquello era verdad…, si Lina y Seth hubieran pertenecido al sinvergüenza de su hermano, y si Belinda y Jon hubieran sido suyos, ¿qué demostraba? ¿Y cómo una persona bien pensante podía entretenerse con semejantes absurdos, semejantes locuras? ¿Se rió? ¿Gritó? ¿Se pegó un tiro por su cobardía?

No me sorprendería que esto funcionara. No me sorprendería nada.

ENTER.

Sus dedos se movieron ágiles sobre el teclado. Miró la pantalla y vio esas letras flotando, verdes, sobre la superficie de la pantalla.

MI HERMANO ERA UN BORRACHO INDECENTE…

Flotaban allí, delante de él, y Richard recordó de pronto un juguete que había tenido de pequeño.

Se llamaba Ocho Bolas Mágicas. Se le formulaba una pregunta que podía contestarse con sí o con no, y entonces se hacía funcionar el Ocho Bolas Mágicas para ver lo que tenía que decir sobre la pregunta… Sus respuestas eran una mentira, pero en cierto modo atractivamente misteriosas, decían cosas como ES CASI SEGURO, YO NO PENSARÍA EN ELLO, y VUELVE A PREGUNTARLO.

Roger estaba celoso del juguete y por fín, un día, después de obligar a Richard a que se lo regalara, Roger lo había tirado contra la acera con tanta fuerza como pudo y lo rompió. Luego se había reído. Ahora, sentado aquí, escuchando el extraño ruido del interior del aparato que Jon había construido, Richard recordó cómo se había desplomado en la acera, llorado, incapaz de creer que su hermano hubiera podido hacerle tal cosa.

– ¡Nene llorón, nene llorón!, ¡Vean al al nene llorón! – se había burlado Roger-. No era otra cosa que un juguete barato de mierda, Richie. Fíjate no había más que un montón de letras y mucho agua.-

-¡VOY A CONTARLO! – había chillado Richard con todas sus fuerzas. Le dolía la cabeza. Tenía la nariz taponada por tantas lágrimas de desesperación-. ¡CONTARÉ LO QUE HAS HECHO, ROGER! SE LO CONTARÉ A MAMÁ. –

-Si lo cuentas te romperé el brazo- le amenazó Roger, y en su sonrisa glacial Richard vio que lo decía en serio. No lo contó.

MI HERMANO ERA UN BORRACHO INDECENTE.

Bueno, montado misteriosamente o no, la pantalla quedaba escrita. Si era o no capaz de retener información, quedaba por ver, pero el armado que había hecho Jon de un tablero Wang a una pantalla IBM, había funcionado. No creía que fuera culpa de Jon el hecho de que, por coincidencia, despertara en él desagradables recuerdos.

Miró a su alrededor y sus ojos se fijaron en la única fotografía que había allí y que él no había elegido ni le gustaba. Era un retrato de Lina, su regalo de Navidad de dos años atrás.

– Quiero que la cuelgues en tu despacho – le había dicho y, naturalmente, lo había hecho así.

Suponía que era una forma de vigilarle cuando ella no estuviera. NO te olvides de mí, Richard.

– Estoy aquí. Puede que apostara por un caballo perdedor, pero todavía estoy aquí, Y será mejor que no lo olvides. –

El retrato con su colorido artificial no hacía juego con los grabados de los pintores clásicos. Los ojos de Lina estaban entrecerrados, sus gruesos labios formaban algo que no acababa de ser una sonrisa.

– Sigo aquí, Richard – le decía aquella boca – Y que no se te olvide.

Tecleó:

LA FOTO DE MI MUJER ESTÁ COLGADA EN LA PARED A LA IZQUIERDA DE MI DESPACHO…

Contempló las palabras y le gustaron tan poco como la propia fotografía. Apretó el botón SUPRIMIR.

Las palabras desaparecieron. Ahora ya no quedaba nada en la pantalla excepto el firme latido del cursor; miró hacia la pared y vio que la fotografía de su mujer también había desaparecido.

Permaneció sentado allí, durante un buen rato…, por lo menos así se lo pareció…, mirando la pared donde había estado la fotografía. Lo que finalmente le sacó del atontamiento producido por el shock de absoluta incredulidad, fue el olor del CPU…, un olor que recordaba las Ocho Bolas Mágicas que Roger le había roto porque no era suyo. El olor era del fluido del transformador del tren eléctrico. Cuando se olía había que desenchufarlo rápidamente para que el aparato pudiera enfriarse.

Y así lo haría.

Dentro de un minuto.

Se levantó y caminó hasta la pared sobre unas piernas que no sentía. Pasó la mano por el tapíz de la pared. La fotografía había estado allí, sí, precisamente aquí.

Pero ya no estaba, y el clavo en el que estaba colgada también se había ido, y no había rastro de ningún agujero donde él había atornillado el clavo en el revestimiento.

El mundo se le volvió gris de pronto y dio unos traspiés hacia atrás, creyendo, vagamente, que se iba a desmayar. Se contuvo, sombrío, hasta que todo volvió a enfocarse de nuevo.

Recorrió con la vista desde el lugar vacío, donde había estado antes la fotografía de Lina, al procesador que su difunto sobrino había logrado componer.

Le sorprendería, oía mentalmente a Nordhoff diciéndole:

– Le sorprendería, le parecería sorprendente, enterarse de que un niño, en los años cincuenta, pudiera descubrir partículas que viajaban hacia atrás en el tiempo – le sorprendería lo que el genio de su sobrino era capaz de hacer con un montón de elementos desparejados, unos cables y unas piezas eléctricas. Le sorprendería sentir que se está volviendo loco.

El olor del transformador era cada vez más intenso, mas acusado y podía ver unas volutas de humo que salían de la envoltura junto a la pantalla. También el ruido del CPU era más fuerte. Iba siendo hora de desconectarlo… Por listo que hubiera sido Jon, aparentemente no había tenido tiempo de solucionar todos los tropiezos de aquel loco aparato.

Pero ¿sabía acaso que iba a hacer aquello?

Sintiéndose como un ser quimérico, Richard volvió a sentarse ante la pantalla y escribió:

LA FOTOGRAFÍA DE MI MUJER ESTÁ EN LA PARED.

Lo leyó volvió a mirar el teclado, y luego apretó el botón: ENTER. Miró la pared y la fotografía de Lina volvía a estar otra vez donde había estado siempre.

-¡Jesús! – musitó – ¡Cristo Jesús! –

Se pasó la mano por la mejilla, miró el teclado (ahora no había nada excepto el cursor) y escribió:

EL SUELO ESTÁ VACIÓ.

Luego, apretó el botón INSERT, y volvió a escribir:

EXCEPTO POR DOCE MONEDAS DE ORO DE VEINTE DÓLARES EN UNA PEQUEÑA BOLSA DE ALGODÓN.

Apretó ENTER.

Miró al suelo donde había, ahora, una pequeña bolsa de algodón, blanco, con un cordón que le cerraba. Sobre la bolsa y escrito en tinta negra, algo descolorida, se leía WELLS FARGO.

-Santo Dios -se oyó decir en una voz que no era suya – Santo Dios, Santo Dios…-

Hubiera podido seguir invocando el nombre del Salvador por unos minutos más, o por una horas, si el procesador de palabras no le hubiera reclamado insistentemente con su bip bip. Escrito en la parte alta de la pantalla se leía la palabra SOBRECARGA.

Richard lo apagó todo precipitadamente y abandonó el despacho como si le persiguieran todos los demonios del infierno. Pero antes de salir recogió la bolsita de algodón y se la guardó en el bolsillo del pantalón.

Cuando llamó a Nordhoff aquella noche, soplaba un helado viento de noviembre que parecía un lamento de gaitas por entre los árboles. El grupo de su hijo Seth está abajo, destrozando una melodía de Bob Seger. Y su esposa Lina había ido a la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro a jugar bingo.

-¿Funciona el aparato?- preguntó Nordhoff.

-Funciona perfectamente -contestó Richard. Metió la mano en el bolsillo y sacó una moneda. Era pesada…, más pesada que un reloj “Rolex”. En una de las caras había un águila de perfil recortado, en relieve, junto con la fecha 1871-. Funciona de un modo increíble. –

-Lo creo -dijo Nordhoff impasible-. Era un muchacho muy inteligente y le quería a usted mucho, Mr. Hagstrom. Pero tenga cuidado. Un chico no es más que un chico, listo o no, y el amor puede estar mal dirigido. ¿Entiende lo que quiero decirle?. –

Richard no entendía nada. Sentía calor y estaba nervioso. El periódico de aquel día decía que el precio del oro en el mercado era de 514 dólares la onza. Las monedas habían pesado una media de 4.5 onzas cada una, en su balanza postal. Al precio del mercado, aquello sumaba 27.756 dólares. Sospechó que eso era solamente la cuarta parte de lo que podía sacar si vendía las monedas como monedas.

– Mr. Nordhoff, ¿podría usted venir? ¿Ahora? ¿Esta noche? –

– No. No creo que quiera hacerlo, Mr. Hagstrom. Creo que esto debe quedar entre usted y Jon –

-Pero… –

– Recuerde solamente lo que le dije. Por Dios, tenga cuidado – se oyó un pequeño clic en el auricular y Nordhoff se había ido.

Continuará…

El Procesador de Palabras de los Dioses 1

El Procesador de Palabras de los Dioses 2

El Procesador de Palabras de los Dioses 3

El Procesador de Palabras de los Dioses 4

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¿Recuerdan cuando los humanos y los alienigenas se encontraron en la pelicula “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo”?

Todo ese despliege tecnológico es digno de un pais de primer mundo… pero en america latina las cosas serían diferentes.

No por que seamos inferiores sino por que hay otras prioridades antes de pensar en establecer El Tratado Común Intergaláctico con los “Hermanos del Espacio”.

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Por si acaso…

La nueva modalidad de secuestro en el metro

Tengan cuidado, en el metro es donde están operando, lo peor es que es en todas las líneas. Dos personas se te acercan y con una navaja o cuchillo te amenazan, obviamente de que no hagas movimientos o alertes a alguien, porque te pueden hacer algo; te sacan del vagón y te quitan inmediatamente el celular, marcan a tu casa para pedir el dinero diciendo que te tienen secuestrado, y que si no lo hacen en determinado tiempo, te van a matar; la familia naturalmente lo cree si al ver el identificador de llamadas aparece tu número de celular, por lo que acuden rápidamente a realizar el depósito que les exigen, mientras, al secuestrado lo traen en el metro subiéndolo y bajándolo en varias estaciones para hacer tiempo, hasta que se juntan en total 5 personas con el secuestrado, una de ellas verifica que en el banco ya se haya hecho el depósito y también habla con la familia, y probablemente te suelten o te den más vueltas por el metro.

¿Cómo ubican a sus víctimas? por el celular, es decir, mientras tú lo sacas para revisar si tienes llamadas o mensajes, o en el momento en que suena y lo contestas, ellos ya te eligieron, y en cuanto cuelgas te rodean.

Les mando esto para que se cuiden, porque ustedes son muy dados a estar sacando el celular en cualquier lugar para ver la hora o por si creyeron que vibró y revisar si tienen llamadas perdidas.

Lamentablemente esta lacra está utilizando su mente para joder más a la gente.

PASALO A TODO MUNDO PARA QUE ESTEN ENTERADOS DE ESTO.

Recibido por correo

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El Don

Un compañero de trabajo tenía algo que yo pienso era un don.

El proceso era el siguiente:

Alguien platicaba sus problemas, él se quedaba pensativo y buscaba un papel para escribir unas cuantas líneas que a veces eran atinadas y a veces no.

(Una compañera coleccionó varias de estas “reflexiones”)

En ocaciones simplemente le llegaban las palabras de un momento a otro “sin razón aparente”.

Un día que llegué desanimado al trabajo, le platiqué mis “pesares” y tomó un papel para escribir:

El original lo perdí pero unos días después hice un un letrero con esas palabras y lo tuve durante años colgado en la pared.

Con el tiempo fue perdiendo el “don”.

Era extraño.

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Nueva York

¿Dónde está Nueva York?

La localidad de Nueva York está situado en el Municipio de Amatán (en el Estado de Chiapas).

Tiene 68 habitantes. Nueva York está a 450 metros de altitud.


Fuente: Pueblos de America.com

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